27 de agosto de 2011

MADAME TUSAN


Al fin fuimos a Madame Tusan! Y que mejor ocasión que mi cumpleaños! Llegamos a eso de las 7pm y es la hora a la que debes llegar a comer si no tienes reservación (tip!). Ese día hacía muchísimo frío y adentro en el restaurante, a pesar de que el techo es muy alto, se sentía el aire acondicionado y tenía frío también. Pero pueden ser cosas mías, soy demasiado friolenta.

Al llegar, la anfitriona en la puerta estaba hablando por teléfono, seguro recibiendo una reserva. No hubo contacto visual, ni un "un momento", nada... siguió hablando como por 2 minutos más que en la realidad son eternos e incómodos. Nos quedamos viendo el techo, viendo al vigilante, le pregunté si podía entrar, me dijo que no, que esperara a la dichosa señorita... Colgó! Al fin nos atendió y nos dio una mesa. Menciono esto porque la anfitriona RECIBE a los clientes y debo hacerlo con simpatía y empatía.
Bueno, ya adentro nos pedimos unos traguitos para brindar. El mío es el larguito que era a base de pisco y con frutas, super rico.

Para comer pedimos el pato pekines que viene en 4 tiempos: primero la pielcita crocante con fideos chinos crocantes y tortillas (para que te prepares como un taquito). Luego viene el pato en salsa de verduras con hojas de lechuga (nuevamente para comerlo como taquito). El tercero es el pato con tallarines semi-crujientes (excelente!) y al final tu sopa de los huesitos del pato. Todo esto alcanza para 3-4 personas por la módica suma de 89 soles. Nada mal no? Vayan con tiempo porque todo el ritual demora.
De los 4, me gustaron más el 1 y el 3.
El servicio de los mozos es muy bueno, son amables, tratan de ser rápidos pero el local se llena en un segundo y la cocina tiene sus tiempos. Pudimos ver a la administradora y una de las dueñas muy pendientes de su local. Eso nos encanta.

Es un 9 para mi, muy bueno pero he probado mejores chifas.


21 de agosto de 2011

EL 550

Fuimos a este restaurante (www.el550.com/miraflores) buscando que comer un domingo y toda la familia, es decir Papá, mamá y Santiago de casi 2 años. Pasamos por la puerta del restaurante y me llamo la atención la fachada, el color y el hecho que fuera criollo pero con este estilo. " Amor, hay que entrar aquí" dimos la vuelta y le dejamos el carro al del valet.
Bajamos los 3 y nos dieron una mesa entre 2 que estaban ocupadas, no, mejor denos la de la esquina de allá porque si a Santiago le da por llorar, no fastidiamos a nadie.
El restaurante tiene un ambiente semi elegante, moderno, minimalista y con lustraciones "criollas" por decirlo así.
Tienen sillas de bebé, así que digamos que están admitidos. Pedimos de entrada unos calamares a la parrilla con palta y chifles. Señores calamares, eran gigantes y estaban muy buenos.
De segundo, elegí un tallarin saltado que Santiago y yo comimos con muchísimo gusto. Tenía un twist oriental, con jolantao y algunas especias chinas. Sabía muy bien. De tomar, la rica chicha y algunos pancitos para acompañar.
En cuanto al servicio, realmente no destacan por él, pienso que puede mejorar mucho, que los mozos sonrían y se vean seguros serían un gran paso. Algo que observe y me pareció un error es que tienen una pequeña terracita, que veo la utilizan más para fumar pero las sillas tienen base de metal. El resultado es que están oxidadísimas! se ve mal.
Los precios! no es un restaurante barato. Los platos van desde 28 - 29 soles hasta platos de casi 50. En nuestra visita gastamos más de 100 soles sin pedirle nada especial a Santiago.
Quizá volveremos más adelante, vale la pena conocerlo.
Le pongo un 8
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